DONA por las mujeres libres de violencia

Karla fue violada más de 100 veces en su primer día en prisión. Hoy trabaja por defender los derechos de las personas transexuales

A los 11 años huyó de su casa. Había sido violada por sus primos y temía más violencia si descubrían su verdadera identidad de género. Trabajó como prostituta para sobrevivir en las calles cuando las maras, a las que no quiso pagar una cuota, trataron de matarla pegándole 14 balazos.

Karla sobrevivió a este intento de asesinato, pero su calvario no terminó aquí, pues en el hospital descubrió que tenía VIH. Después estuvo presa entre los años 1996 y 2000, donde fue regularmente violada y torturada…

Pero hoy, Karla Avelar es directora de un Centro que trabaja por los derechos sexuales de las personas trans. Sigue siendo amenazada, tiene miedo, pero nunca, por nada ni por nadie, se para. Nos cuenta su historia para vivir #LibreDeViolencia en primera persona:

“Hui de mi casa cuando tenía 11 años. Me aterraba que mi familia se enterara de mi verdadera identidad de género. También había sido violada por mis primos. Uno de ellos me echó fuera de casa diciendo “en esta familia no hay maricones”. Me trasladé a la capital, San Salvador, y empecé a hacer trabajo sexual. Cuando no se tiene nada de comer ni dónde vivir, es la única opción. En ese momento había muchas mujeres transgénero mayores que yo y que a menudo abusaban de mi y me dejaban desnuda. Eran celos por rivalidad, porque yo era joven.

Sobre las maras… Los miembros de las maras están interesados en las mujeres trans. Las buscan para usarlas. De acuerdo con el código de las bandas está prohibido tener relaciones sexuales con mujeres transgénero. Si un miembro de una banda se entera de que otro tiene relaciones sexuales con una mujer transgénero, pueden matarle. Los propios miembros de su banda son los que lo matan.

En 1993 las bandas estaban bien posicionadas en nuestro país. Ofrecían seguridad a cambio de dinero. Pero si no les pagabas, te mataban. Yo nunca les di nada y por eso, trataron de matarme. En su intento de asesinarme, me metieron 14 balas en el cuerpo – sólo porque yo no pagaba su extorsión. Cuando estaba en el hospital recuperándome, me diagnosticaron con VIH. Eso realmente me destruyó, aunque nunca perdí la esperanza.

Fui encarcelada en un centro penitenciario donde la mayoría de los reclusos eran miembros de bandas. El día que me encarcelaron me violaron más de 100 hombres. Fui violada a diario por las autoridades del centro penitenciario y por los miembros de las bandas. Mi salud se deterioró rápidamente. Para cuando pude buscar ayuda médica, había perdido el 75% de mi peso.

(Al salir de la cárcel) Cuando me di cuenta de todo lo que había vivido, de todo lo que había pasado y al conocer bien la situación de las personas trans en las cárceles, yo junto a otros y otras activistas trans decidí crear una organización que trabajara por la defensa de los derechos humanos de las personas trans en este país.

Creo que hay algo muy importante que une a la comunidad trans. Es nuestra realidad. Lo mejor que podemos hacer es trabajar juntos y juntas. Buscar estrategias que permitan el reconocimiento de la igualdad y de nuestros derechos. Apoyarnos mutuamente.

Sobrevivo por el amor, por la lucha y por la dignidad. Se me dio la oportunidad de salir del país pero me negué por orgullo. Para mí no es justo que nos traten así. Y eso me da fuerza y valor. Por eso no lo dejo.

Las bandas ya han tratado de matarme varias veces. Actualmente recibo amenazas de muerte. También he sido secuestrada. La psicosis de inseguridad existe de forma permanente. Nos hemos visto obligadas a instalar cámaras de seguridad y cercas eléctricas alrededor de la oficina. No sólo para proteger mi vida, sino para todo el personal.

Comcavis Trans recibe el apoyo de FESPAD, contraparte de InspirAction.

Mi coordinación con FESPAD comenzó hace alrededor de cuatro años a causa del asesinato de una de mis amigas más cercanas, Tania. Queríamos presentar cargos a nivel nacional e internacional, pero en nuestra organización carecemos de experiencia. FESPAD, junto con otras organizaciones, nos asesoraron técnicamente para solicitar un caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos [el caso no había sido reconocido por el Estado de El Salvador]. Finalmente la comisión aprobó una resolución sugiriendo al Estado salvadoreño la creación de una ley contra la discriminación del colectivo LGBTI. También sugirió reformas del código penal para reconocer los crímenes de odio”

 

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